Ninguna época ha sabido tantas y tan diversas
cosas del Hombre como la nuestra… pero
ninguna otra época supo, en verdad , menos,
“ Qué es el hombre”
HEIDEGGER

¿SIRVE  LA  POESIA EN EL TERCER MILENIO?

Es innegable que en el presente, nuestra cultura está  dominada por el positivismo más irreverente, por el materialismo más voraz, por una vertiginosa tecnología y por un utilitarismo imperioso y terminante.
Evidentemente, nuestra realidad cada vez tiene menos que ver con la poesía ya que absolutamente todo tiene que “servir para algo”.
En este contexto cabe, entonces, la inevitable pregunta ¿Para qué  sirve la poesía en el siglo XXI? ¿Es que acaso  la poesía sirve para algo?

Una amplia perspectiva se abre entonces para razonar acerca de este interrogante. Es necesario encontrar el punto de equilibrio entre la historia del mundo, la historia del hombre y la actualidad.
De las crisis más intensas, tanto subjetivas como sociales, a lo largo de la historia, surge la poesía como manifestación de la invencible fragilidad del espacio espiritual. Lejos de morir se proyecta en el tiempo con el matíz de cada época, con la modalidad característica de cada lugar, con el estilo del barroco, del romanticismo, del realismo, del surrealismo.

Acaso Cervantes, Shakespeare, Bécquer, Alfonsina Storni, Borges, Neruda, se habrán preguntado alguna vez si la poesía que surgía de su pluma, servía para algo?
“El Hombre está  condenado a ser libre”, ha dicho Sartre y una manifestación de esa  necesidad imperiosa del ser humano se manifiesta en la poesía. Cada poesía es una aventura,  un vuelo, una liberación, un escape hacia la libertad. Evanescente y multicausal,  la poesía es la gestación de ideales, rebeldías, enamoramientos, testimonios, admiración, dolor, euforia. La poesía es la plenitud del lenguaje  para expresar los sentimientos. La poesía siente, piensa, trata de expresar lo inexpresable y sirve para esto.
La poesía es como una joya inigualable, nacida del amor, de la belleza, de la efusiva palabra, del misterio, de un enigma apasionante y sirve lo que una joya inapreciable donde sólo el valor espiritual es lo que cuenta.
En una disertación que Jorge Luis  Borges ofreciera sobre la metáfora en la Universidad de Nueva Orleans, dijo que “la poesía es tan misteriosa como la música y  tratar de descifrarlas nos enredaría en nuevos juegos de música y de palabras”.
La poesía es un misterio sustentado en la fantasía, en la imaginación, en el sueño y la irrealidad, y sirve para encontrar la manera de atraparlo y convertirlo en fervor y sentimiento.
En el campo de la psicología, es una realidad caótica y fortuita que como un volcán es capaz de estallar en un poema.
Las conjeturas, las hipótesis, las dudas, la desesperación, se derraman en un mundo hecho de palabras y belleza, desde el vigor del pensamiento hasta la impenetrabilidad de lo secreto.
La poesía sirve para lograr el placer subjetivo  de traducir en versos la intimidad del ser, en la soledad de una habitación o en el estrépito  ensordecedor de la ciudad, en una  obra tan espontánea como impensada e irracional.
Abelardo Castillo ha dicho que “un poeta es un hombre que no analiza sus sueños, se limita a soñarlos”.
La poesía será siempre un sueño eterno, una introspección metafísica y como “El Grito”  de Munch, una verdad desesperada, un llamado, un alarido incontenible. Isidoro Blaisten decía que “la poesía es incontrolable”.

Sirve la poesía en el tercer milenio? Nuevamente, se agiganta la pregunta.

poesía_en_el_siglo_XXIEn una época de escepticismo donde la prioridad son la ganancia y el éxito, opuestamente a lo inmaterial, a lo espiritual, tiene sentido escribir poesía?
Como el agua, como el viento, como la luz, la poesía cambia, se adapta, se transforma, sobrevuela el tiempo en una metamorfosis que la lleva a la libertad.

Hoy en día, los poetas cantan realidades.  Mucho más sofisticada pero tambien más libre , menos estructurada, desinhibida como el presente, cambian las estructuras y el contexto. Sin prescindir de cierta métrica,  los versos se combinan con entera libertad y el tema deambula por líricos jardines o por verdades descarnadas; los mendigos en la calle, las autopistas,  el suave vaivén del subte,  el fax, el satélite que acaricia las estrellas… hasta se puede encontrar  una trágica belleza en el hongo atómico o en la estremecedora audacia de una clonación.

En la actualidad, nada escapa al encanto de un poema. La poesía penetró en la computadora y estalló en una diáspora infinita, derramándose en Revistas Virtuales, Blogs, Páginas Web, expandiéndose vertiginosamente, acorde con la época.

¿Sirve la poesía en el siglo XXI? Sí, una prueba irrefutable de esa afirmación es que los poetas surgen inesperadamente y son millones. El hombre común necesita de la poesía para expresarse con musicalidad  y belleza, siguiendo el ritmo de sus pensamientos.
En la dimensión de un mundo controvertido, pareciera que la poesía es algo obsoleto, estúpido, propio de gente que se ha quedado en el tiempo; sin embargo, el hombre, acosado por la prisa de una realidad que poco a poco lo va suprimiendo y reemplazando por tecnología y maquinarias, siente la necesidad imperiosa  de retrotraerse y volver a sí mismo, a su mundo interior, a la amplitud de sus íntimos espacios y es ahí  cuando la poesía  sirve como un mágico milagro que sacia su sed de paz e identidad. Entonces, o escribe o lee poesía.

Los poetas son como una inmensa, delicada y sutil trama, aparentemente frágil pero resistente y duradera.
Los lectores de poesía nunca desaparecen del todo, ni desaparecerán mientras haya placer espiritual intenso en la lectura.
La relación entre el poeta y el lector, los introduce en  la intimidad, en la compañía de la soledad, en la interacción entre  un misterioso mensaje y un abrazo intelectual. Es por eso que la poesía sirve como pensamiento, intercambio,  vuelo, misterio, emoción. Es un nexo entre dos que se buscan  y se encuentran en un poema, aún sin conocerse físicamente.

John Keats, aquél gran romántico, desde su sensualismo estético, nos dice “Tú no has nacido para la muerte. Oh pájaro inmortal!”
La poesía es eterna.
Mientras el hombre no llegue a ser sólo carne y huesos, mientras haya montañas y ocasos y amor y llanto y asombro y rabia y sed de justicia, mientras el hombre pueda SENTIR, servirá la poesía. ¡Ay de la humanidad cuando llegue el día en que la poesía no sirva  para nada!

© Olimpia Bordes

Enero 2008